El Mustang de 1965 con 120 CV es el origen del mito, en su versión más sencilla y accesible. Su seis cilindros en línea no era deportivo, pero sí suave y suficiente para el día a día. Más que prestaciones, ofrecía estilo, juventud y libertad sobre cuatro ruedas. Un coche que no necesitaba potencia para convertirse en leyenda.
